*VIEJOS
HERMANOS, TIEMPOS PASADOS*
(relato)
by ACB2 (colaborador de *'69RNRCAFÉ*)
Hacía tiempo que no limpiaba la moto. Estaba con la puerta del garaje abierta,
solo, meditando, con la mirada fija sobre el faro. Mil mosquitos habían perdido
sus minúsculos hilos de vida contra ese pequeño cristal. La luz del sol inundaba
la estancia. No podía ver la moto sucia. No había tenido un hueco libre en los
dos últimos meses... Ahora iba apurado de tiempo.
Cuando metió su mano en el cubo y empapó el trapo en el agua espumosa,
sintió un ligero escalofrío. Después de tantos años sabía perfectamente cómo
hacerlo y por dónde empezar. Así que mojó el exterior cromado del retrovisor
derecho y frotó con suavidad... Sus pensamientos le llevaron atrás, a sus
primeros años encima de una moto, cuando lo único que esperaba sacar de la
máquina era velocidad, prestaciones...
- "¡Já!"
Sonrió. Sí, una máquina. Así era como lo sentía al principio, una mera
máquina que usaba para... para... ¿para qué?
Al igual que otros muchos que habían empezado como él -¿por moda quizás?-,
hoy quedaban pocos que mantuvieran no ya la pasión inicial, sino tan siquiera un
halo de simple nostalgia por ese mundo que tanto le había dado a cambio de tan
poco... Las arrugas recorrían su cuerpo y la piel acartonada daba un aspecto
borroso a los añejos tatuajes monócromos de sus brazos mojados -igual que su
memoria, pensó, borrosa, monócroma-. Ahora eran pocos, pero suficientes.
Las etapas de su vida ya no las recordaba fuera de esa amalgama de hierro,
acero, caucho y gasolina que, de repente, un día ya lejano pasó de ser una
simple máquina a transformarse en un verdadero objeto de culto. Y ciertamente en
eso se había convertido su moto, en un objeto admirado, idolatrado... Por todo
cuanto le había ofrecido... y lo que le ofrecía aún.
Intentó recordar cuándo se había producido esa metamorfosis, su propia
metamorfosis. No sabía exactamente la fecha en que sucedió, pero sí era
consciente de que fue en el mismo instante en que se armó de mucho más valor del
que él mismo se suponía, y se enfrentó por primera vez a su moto empuñando unas
herramientas prestadas por uno de los suyos, de los pocos que aún quedaban.
Poder escudriñar en su interior, saber que podía influir en su comportamiento y
sobre todo, aprender cómo hacerlo, le hizo sentirse como un pequeño dios con
poderes -casi inofensivos-, sobre su única criatura, la que debía responderle a
cambio de sus cuidados. Comprender cómo y porqué funcionaba le hizo apreciar en
toda su intensidad el verdadero valor de aquello que tantas veces había tenido
entre sus manos. Más allá de lo puramente material, más allá de las frías
prestaciones. Esa fue su revelación.
"Ya está, ¡A tiempo!", se dijo.
Aún agachado, repasó otra vez con un trapo seco el depósito, y la sonrisa
volvió a aparecer tras su barba blanca reflejándose en él. En ese momento, el
silencio de la mañana se empezó a quebrar con un sonido ronco de motor que se
aproximaba desde el final de la calle. Luego, por dos veces, sonó un claxon como
una señal concertada. De espaldas, no tuvo que mirar para saber quién venía a
buscarle. Cebó el carburador con el puño derecho y arrancó. Se subió la
cremallera de la cazadora, se colocó los guantes, la mano zurda se cerró
apretando la palanca contra el puño y debajo de su pie izquierdo sonó el 'clack'
que esperaba oir...
- "¡Vámonos, bro!"
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