Cuento de Navidad By ACB 2

 

Madrid 3 de julio de 1936. 

Allí estaba, como esperándole, justo donde la había dejado la noche anterior, en el patio de vecinos, en el interior del portal. Una solitaria y pequeña gota de aceite en el suelo indicaba que todavía era pronto para repasar las juntas. 

A pesar de ser temprano, ya hacía calor; y aún le esperaba un pequeño trayecto hasta llegar a Toledo donde estaba destinado, se despidió de su mujer que estaba a punto de dar a luz y le prometió que en un mes estaría de permiso, para el parto. 

Toda la finca estaba ya despierta, pues, como todos los días, se oían las fuertes voces del pescadero, su mujer y los niños.  

 La familia de Juan “El Pesca” se levantaba también temprano para ir a recoger la mercancía que venía de Valencia antes de abrir la tienda.  

Los vecinos se cruzaron al salir a la calle. 

-¿Qué pasa “Pesca”? ¿Te vas a venir este verano conmigo a la Playa o te vas a echar “p’atrás” como el año pasado? Dijo mientras se subía en el pedal y se dejaba caer sin conseguir arrancar.

-¿En ese cacharro? Vamos, ni pensarlo. Prefiero el autobús aunque estemos a cuarenta grados.

-Mira “Pesca”, esta moto es una estupenda Harley Davidson VL con tres años, Uffff (tampoco arrancó), que compré en San Bernardo por cuatro perras gordas. Es de lo mejorcito para viajar...Ufffff(ahora sí se empezaron a oir las explosiones que ahogaron las voces del “Pesca” y familia)... por estas nacionales con la fresca.

-Mira Carrasco, si yo fuera de los civiles como tú en vez de pescadero, también tendría moto. 

3 de agosto de 1936 

            Allí estaba, como esperándole, justo donde la había dejado diez días antes, en el patio de El Alcázar, bajo uno de los arcos del claustro. Varias gotas de aceite indicaban los días que iban pasando sin arrancarla. 

            Le había sorprendido el levantamiento militar en la ciudad de Toledo, su destino; y junto con otros 1.500 falangistas y Guardias Civiles había recibido la orden de resistir en el interior de El Alcázar el asedio de las tropas leales al gobierno del Frente Popular. En el interior también permanecían familiares de los que resistían y algunos rehenes, hacía tiempo que se había acabado la harina pero sin embargo quedaban unos 3.000 kilos de trigo y algunos más de cebada; ya se habían empezado a sacrificar los caballos de la academia militar para comer. Los bombardeos de la aviación y de la artillería eran constantes y diarios. 

            A pesar de todo, en la cocina se hacía un pan de trigo diario por persona con la moledora, pero la noche antes las tropas de asedio había logrado cortar la electricidad... 

            Durante el descanso de la mañana, se subió encima de su moto sin arrancarla. Se imaginaba fuera de ese lugar, fuera de ese abismo, los campos de cereal se extendían a ambos lados de su imaginación, las curvas y repechos castellanos pasaban más rápido que de costumbre y llegaba a la costa donde el mar se extendía más allá de lo que recordaba. 

            -Carrasco, bájese de la moto que le van a matar. Gritó un capitán. 

La explosión de la primera granada del día hizo que volviera a la realidad y le vinieron a la mente las imágenes de los muertos de días anteriores. 

            Asustado se tiró de la moto y decidió que debía ponerla a salvo, era la única cosa que le ataba con el exterior y debía defenderla. La idea era absurda, cada día había más destrozos en la muralla y parecía que El Alcázar no tardaría en rendirse, la comida, que llegaba casualmente tras incursiones nocturnas en la ciudad, era insuficiente para todos; y el trigo, si no se molía, no servía de mucho... prefirió ignorar la realidad. Con la ayuda de dos compañeros bajó la moto a la cocina, cerca de la despensa donde estaba la moledora sin electricidad; y entonces se le ocurrió la idea.  

            Al tercer intento, el motor de la VL cobró vida... Mientras hubiera gasolina, habría pan, si las tropas del Frente Popular no entraban antes, pensó... pero no llegaron a entrar... 

20 de diciembre de 1980 

Allí estaba, como esperándole, justo en una de las zonas visitables de El Alcázar, bajo uno de los arcos del claustro unida para siempre a la moledora. No había aceite en el suelo, lo que indicaba que hacía mucho tiempo que tampoco lo había en el cárter. 

El colegio organizaba todas los años antes de las vacaciones de Navidad una excursión. El profesor se afanaba por explicar a los chiquillos de la excursión de Madrid que en el sitio de El Alcázar habían caído un tercio de los defensores y que al cortar la luz, decidieron utilizar el motor de aquella moto para moler el trigo y hacer pan. 

-Pues mi abuelo, que murió en la guerra, tuvo una como ésta.

-¡Venga ya, no fastidies!

-Vamos, hazme una foto que se la regale a mi abuela cuando vayamos a cenar el 24, seguro que le gustará.

-Sonríe, Carrasco... 

NdA: Es totalmente cierto que durante el asedio de El Alcázar se utilizó una VL para moler el trigo y hacer el pan. Es la que aparece en la foto.

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