CUENTO DE NAVIDAD 2007 By ACB2
La crisis de las “hipotecas basura” le había costado el puesto de trabajo. Así de simple, así de crudo.
No podías ser tratado como un “tiburón” en la Gran Manzana sin que de una manera u otra te vieras implicado y obligado a sentirte parte del conflicto.
Un cheque y un apretón de manos bastaron para que doce años de actividad estresante y poco remunerada se fueran por el desagüe.
Ese mes de diciembre iba a resultar difícil. Su mujer también había perdido el trabajo durante el verano y aún no había decidido si volver a intentarlo o dedicar definitivamente su tiempo a los niños. Las Navidades se presentaban grises como los nubarrones que abandonaban la bahía tras la nevada.
Pero para él la cosa se complicaría aún más durante los próximos meses, la crisis no había hecho más que comenzar y todos los analistas auguraban un 2008 muy difícil para el sector financiero. Había sido de los primeros en caer y, pasando de los cuarenta, veía muy negro el horizonte para un ex – gestor de departamento que sólo sabía hacer números y previsiones que, para mayor desgracia, no se habían cumplido en gran parte por la voracidad insaciable de los accionistas y dirigentes de compañías como la suya.
Lo único que durante ese nevado mes de diciembre le hacía la vida soportable era el taller... Era de uno de los chicos del insólito grupo que desde hacía años se reunía todos los fines de semana, precisamente, en ese mismo taller.
Los días de diario, bajo el viejo cartel negro y naranja de “John´s Simple Bike” pasaba una clientela insustancial, producto de la hornada de “new riders” salida de las entrañas del centenario de 2003 y que tan buenas rentas le había dado a los chicos de Milwaukee.
Para esa clientela, el taller estaba “especializado” en realizar el mantenimiento y reparación de los que no estaban dispuestos (o no podían) pagar los costes del concesionario oficial. La crisis parecía afectar a todos aunque de ello se beneficiaban los profesionales que mantenían precios verdaderamente ajustados a su trabajo, como ese taller.
Pero, al igual que la dama del cuento… al cerrar los viernes… el local se transformaba en un tugurio ocupado por media docena de posesos dispuestos a crear verdaderas obras de arte “old School” mientras los altavoces vomitaban notas de viejo rock&roll y moderno punk-rock. Unos soldaban, otros pintaban, todos sabían de mecánica y el taller estaba a su entera disposición sábados y domingos a cambio de mantener la nevera llena de cerveza, encargar pizzas sin peperonni cada tres horas y reponer las piezas usadas o gastadas. Nadie hablaba del trabajo profesional, entre ellos había jóvenes y no tan jóvenes, empleados y empresarios, republicanos y demócratas...
En fin, formaban un variopinto grupo unido por la insaciable adicción al olor a gasolina y al viejo estilo en forma de bicilíndrico en V, rodeados de ratas verdes, muelles, diablesas, ojos voladores y pintura metalflake.
Antes de perder su empleo había adquirido un oxidado Ironhead y había decidido darle el clásico toque “Frisco” del lado opuesto del país. Esos días de diciembre, cuando la Quinta Avenida ya estaba disfrazada de luces y abetos esperando a que medio planeta fundiera dólares a borbotones, el Ironhead contaba con un chasis rígido, montaba una larga horquilla spriger y el sistema eléctrico estaba terminado.
Aún quedaba mucho por hacer y los pocos dólares de que disponía no eran suficientes para terminar en los bolsillos de fabricantes de perfumes y juguetes ,así que propuso al colega del taller la posibilidad de pasar los últimos días del año allí, terminando su proyecto en horas de trabajo, sin cerveza, sin pizza y sin rock, claro. Era preferible aguantar los “sabios” comentarios de la “documentada” clientela de diario acerca de su Ironhead que pasar las horas muertas en casa lamentando su situación.
Era la tarde del 31 y allí estaba terminando de instalar un gran sissy-bar en el Iron cuando su colega del taller apagó las luces de la exposición y le llamó.
“-Antes de cerrar el año quiero que te pruebes esto.” Dijo mientras le daba un paquete.
Lo abrió…
Había un mono de trabajo con el logo del “John´s Simple Bike”.
“-Si esto sigue así, -continuó- este año vamos a tener más clientes, yo necesito ayuda y tú los dólares.”
Cogió el traje, miró a su amigo y negó con la cabeza…
“-Venga, tío, siempre ha sido más fácil instalar unos escapes Screamin´Eagle que poner a punto esa mierda de carburador. ¡Vamos!.Cuando todo esto pase, ya podrás decidir qué hacer.”
Seguía pensativo... negando con la cabeza…
“-Gracias tío, pero sinceramente no puedo aceptarlo…, no podría... ¡No es de mi talla, joder! ¿Sabes? en tres meses te pediré un aumento.”
“-Me negaré, claro.”
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