CUENTO DE NAVIDAD  By ACB2

 

Mediados de los 70. 

Era el tercer día que nevaba y las calles asemejaban un río sucio. El hielo -mezclado con el barro- se acumulaba en las aceras como la espuma en los desagües que vierten en las riveras; y el asfalto estaba encharcado, con la nieve aplastada y negra por el paso de cientos de neumáticos. 

Los días oscuros del invierno pesaban sobre sus pensamientos, tras el accidente, toda su vida se venía abajo, las deudas de un negocio que no podía atender y las rentas del alquiler del apartamento hacían que aquellas fechas fueran insoportables. Pero se creía fuerte y aparentaba buen humor. 

Caminaba cojeando y un tanto apresurado, cabizbajo, con las manos apretadas en los bolsillos de su chaqueta de cuero con cuello forrado. De su boca emanaban de cuando en cuando hilos de humo del cigarro que sujetaba en el lado derecho de la boca, inhalaba y exhalaba el dulce aroma asesino sin sacar las manos de los bolsillos, la mirada perdida en el acerado impedían apreciar el resto de sus facciones; a pesar de la cojera tenía prisa, y se notaba por su acelerado caminar, chocando las campanas de sus vaqueros, con lo que le acompaña un ruido... como de chasquido a cada zancada. 

-No puede ser, no puede ser... 

Entró en el taller cuando uno de los chicos pretendía -sin mucho éxito-encender una lumbre dentro de un bidón usado cerca de la puerta. Se saludaron efusivamente. Los otros dos empleados estaban dentro, un viejo y un chico alto que se afanaban sobre lo que parecía una vieja Duo Glide. Se dirigió al más viejo de ellos... 

-Dime que es cierto, que el jodido Willy G. lo va a hacer.

-Veo que ya puedes andar, me alegro. -Dijo sin apartar la mirada de la moto-.

-Dime que lo va a hacer.

-Que va a hacer ¿qué?. -Contestó levantando al fin la vista-.

-Que les vamos a dar una patada en su sucio culo a los Spaguettis con sus 900SS. 

Sonrió y volvió a fijar su vista en  el carburador que tenía entre las manos. 

       -Eso dicen... 

       El viejo dejó el carburador en manos del chico alto y sacó un trapo sucio del bolsillo trasero del mono naranja y gris. Se limpió las manos y se dirigió a la oficina. 

       -Ven, acércate... 

Se sentaron uno frente al otro separados por una mesa metálica atestada de papeles. 

-Cualquier día encontraré por aquí docenas de tus facturas pendientes... 

-¡Venga ya!, pago cuanto debo...y puedo. 

Abrió un cajón y le alcanzó una fotografía borrosa. 

-¡Top Secret!, -mencionó con un tono suspicaz- viene directamente de Milwaukee, mis contactos de siempre, ya sabes... 

El joven sacó por fin la mano derecha del bolsillo de la chaqueta y resultó estar escayolada, le arrancó la foto de las manos con los dos dedos que quedaban libres y descubrió una moto negra, parecida a las cafe-racer que había visto en las revistas inglesas. 

-¿Esto? ¿Esto... es una Harley? ¿Esta mierda pasada de moda es todo lo que puede salir de la mente de Miiiisteeer Willy G.? ¿Eso va a hacer sombra a las italianas? Vamos...No jodas... 

-No lo sé, pero lo que sí es seguro es que va a dar más de 60 caballos y que es lo mejor que vamos a tener para hacer el cuarto de milla con una moto de la casa. Es posible que pida una de ellas a “Mamá-Milwaukee” para meterle mano aquí. 

-¿Más de 60 caballos? Pero si una aceitosa Guzzi V7 ya los da hace años y una 900SS llega a los 70. Me parece que no, que este año no podremos competir con, con, con eso, ¿Como se va a llamar? 

-Pues algo así como Cafe Racer...XLCR. Pero tú vas a competir poco con esa escayola, por lo menos ya veo que puedes andar. 

-Vaya, menuda mierda de moto... ¡Bah! Otra cosa, ¿qué tal está mi “chica”? ¿Has encontrado la horquilla que comentaste? ¿voy a poder enseñar a los demás cómo arrastrarse  por la pista antes de enero o no? 

-No sé, aún no, ... el chasis también está tocado, va a costar una pasta arreglarla, yo procuraría dejar de destrozar motos, nos estamos arruinando contigo... ¿Cómo va la mano? 

-Mira, ya muevo el pulgar y el índice, el radio es lo que anda más jodido, todavía tengo para quince días por lo menos.. 

-¿Y para qué carajos quieres la moto si no puedes andar con ella? 

-Te he dicho que ya muevo el pulgar y el índice, ¿no?  

-Vuelve cuando te recuperes del todo. Por cierto, ¿necesitas algo? 

-No, gracias. –dijo mintiendo- Por ahora vivo de lo que pude ahorrar en las carreras, aunque, si no puedo abrir la tienda y trabajar, me va a costar pagar el próximo mes. ¡Hasta otra! 

Las arrugas en la frente del viejo se marcaron preocupadamente, sabía que ese chaval no había sido el mismo desde que volvió de la guerra. Y aunque su destino allá no había sido especialmente peligroso, en Vietnam conoció cosas que un hombre nunca debe llegar a ver, y que una vez vistas hacen que el miedo se aloje sólo de modo temporal en un espacio escondido de la mente, un lugar del que -por desgracia- de vez en cuando se dispersa sin control. 

Sabía que, al regresar, aquel chico había intentado escapar de la realidad en una huida hacia adelante, pretendía obtener una bonita palabra: Independencia. Había abandonado el viejo oficio familiar para establecerse por su cuenta con algo que le gustaba, vendiendo piezas de motos para mejorar rendimiento y estética; pero iniciar un negocio nuevo en tiempos de crisis era un auténtico suicidio. Se ayudaba con unos pocos dólares obtenidos en carreras del cuarto de milla patrocinado por ese taller, con resultados más bien pobres; así hasta el accidente... Hoy, las deudas crecían día a día como la nieve acumulada en las aceras. 

Pasó casi un mes, y una mañana gris de finales de diciembre, con las luces de Navidad aún encendidas entre la niebla, la misma figura con la misma chaqueta de cuero forrada entró por la puerta del taller. 

-He terminado por fin con la rehabilitación y el doctor me ha prohibido volver por allí hasta que me mate definitivamente. ¿Cómo está mi “chica”? 

-Lo siento, estaba tan mal que tuvimos que vender las cuatro piezas que podían salvarse... una lástima, de verdad. 

-¿Estás bromeando? 

-No. Te dije que el chasis estaba tocado, ¿recuerdas? 

-Pero, pero, ¡Mierda! ¿qué voy a hacer? Mi vida es la moto. Joder... ¿Cómo voy a correr?¿Qué voy a hacer con la tienda? No he podido vender un sólo accesorio en estos últimos tres meses... sin poder trabajar por el puto accidente...joder... no me queda un jodido dólar para pagar el alquiler de la tienda y del apartamento... ¿qué coños voy a hacer ahora? 

-Bueno. Tranquilo. –Empezó a hablar el viejo con voz pausada-. Asociémonos. Conserva tu apartamento, cierra la tienda. Trae a tus clientes y vende tus piezas aquí, ampliemos nuestros negocios, ¡vamos a transformar y preparar motos!, ¡Venga, tú y yo sabemos lo que hacemos y lo haremos aquí! Yo pongo el taller, las herramientas e incluso a estos dos -señalando a los empleados jóvenes-, tú, las piezas que vendes, las ideas y los clientes...y cuando puedas, sigue corriendo para el equipo. 

-Pero, ¿qué dices? –recapacitó y dudó un instante- Imposible. ¿Con qué voy a correr?...No... Eso no se hace de la noche a la mañana, se necesita algo más que ideas nuevas... una buena base... una buena preparación... imposible... al menos esta temporada. 

-Sí, bueno. No sé... podríamos intentarlo con tu nueva moto, esa... ¿cómo era? esa “mierda” de ahí. 

Entonces quitó la manta a una moto de las que por allí estaban tapadas, las que ya están arregladas antes de entregar al cliente, y apareció... 

Era una preciosidad, con sus llantas de siete palos, doble disco de freno, cúpula, colín. Joder, en vivo era muy distinta a lo que había visto en aquella foto. Y ¿Qué era eso? Un carburador de doble cuerpo con trompetas al aire y unos escapes retorcidos sobre el motor advertían que ya había sido sometida a alguna pequeña “operación dopante”. 

-Bueno. ¿Qué?, por ahora, sólo da 72 caballos, tus hermanos se pasaron varias noches aquí después de cerrar. ¡Enséñasela a tus clientes!, podremos intentar algunas cosas más. ¡Ah!, y no me lo agradezcas, me la pagarás con las piezas que puedas vender, o mejor... con los premios que puedas ganar. 

Se abrazaron... El joven tenía un nudo en la garganta... 

Mientras, afuera, grupos de niños que cantaban villancicos avisaba que aún quedaba tiempo para la primavera y el comienzo de la temporada.  

-Gracias padre. Dijo en un susurro, rota la voz... 

http://www.ironharley.com/racepics/xlcr/xlcr_ad_d.jpg

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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